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Sociedad del desperdicio: ¿Dónde acaba la comida que producimos?

Una manzana arrugada en la frutería, los yogures que vencieron hace dos días o los últimos bocados del último plato que pediste en un restaurante; el desperdicio de alimentos comestibles es un problema que nos acecha a diario. En la actualidad más de un tercio de la comida que se produce en todo el mundo acaba en la basura. Los países que se encuentran en vías de desarrollo normalmente desperdician los alimentos en las primeras fases de producción, mientras que en los países primermundistas este despilfarro ocurre en la venta al público o en los hogares. Pero, sea como sea, el 45% de las frutas y verduras que se cosechan en todo el mundo no llega a consumirse, junto con un 30% de los cereales y 263 millones de toneladas (el 20% de la producción total) de productos cárnicos.

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La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición  define el desperdicio alimentario como aquellos productos alimentarios o agrícolas que son descartados en la cadena alimentaria, a pesar de que siguen siendo comestibles y perfectos para el consumo humano, y que finalmente acaban como residuos en la basura. A su vez, la comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo habla de que la pérdida de alimentos implica también el desperdicio del agua, horas de trabajo, energía y otros recursos de carácter valioso y a menudo limitados. En la Unión Europea se llegan a desperdiciar más de 170 kilogramos por persona.

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Los comercios locales también manifiestan su preocupación por el desperdicio de alimentos. Los productos que no llegan a venderse, por su aspecto o por que se estropean, se traducen en pérdidas para la empresa, especialmente para los pequeños negocios. La frutería El Naranjo, situada en Valladolid, declara que esta situación

 tiene un impacto significativo en la rentabilidad y sostenibilidad económica de las tiendas de barrio como la suya.

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El 89% de la población se siente culpable al tirar comida, y tres de cada cuatro familias sienten remordimientos al pensar en el dinero que gastan en comida que no consumen y acaba en la basura. Para un número similar, el desperdicio de alimentos impacta de forma negativa al medio ambiente (según la Organización de Consumidores y Usuarios).

En el año 2021, según el Ministerio de Agricultura y Pesca, los hogares españoles desperdiciaron 1,2 millones de toneladas de alimentos, mientras que en Castilla y León el desperdicio medio de las familias es de 1,3 kilos por semana. De esta cantidad el mayor porcentaje corresponde a productos alimenticios que están sin procesar, los cuales se tiran a la basura en crudo tal cual se compraron, y en él se contabilizan principalmente frutas, verduras, hortalizas y pan.

Un informe publicado por expertos de la Universidad de Valladolid, y elaborado con el apoyo del Ayuntamiento, revela que en la ciudad vallisoletana acaban anualmente en la basura aproximadamente 15 millones de alimentos que podrían calificarse en buen estado. Es decir, la ciudad desperdicia 40.000 kilos diarios.

Las causas del desperdicio de alimentos son muy diversas, pero estudios coinciden en algunas de las más representativas. Por ejemplo, los problemas inherentes a las cosechas (como las plagas y los fertilizantes agresivos), un almacenamiento no óptimo por falta de infraestructuras adecuadas y la sobreproducción, son algunos de los elementos que más impulsan el derroche de comida.

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Pero el desperdicio de alimentos acarrea otros problemas. Durante el proceso de producción se consumen muchos recursos, como grandes cantidades de agua, por lo que desechar comida supone un despilfarro de muchos otros bienes. No se puede olvidar que en España más de dos millones de personas tienen que recurrir a comedores sociales para subsistir. Además, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los desperdicios alimenticios suponen una pérdida económica de más de 75.000 millones de dólares cada año.

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Moisés es comerciante en uno de los puestos del Mercado municipal al aire libre 'Marquesina de la Plaza España'. Reconoce que se suele desperdiciar lo que equivale a un plato de comida al día, pero "tirar no se puede tirar" admite con pena. Por eso, muchas veces entrega los alimentos a otras personas o se los lleva a casa.

En otros puestos vecinos, admiten no desperdiciar demasiada comida, y cuando tienen que deshacerse de ello la dejan apartada para que otras personas puedan recogerla, aunque a veces los productos están en tan mal estado que van directamente a los contenedores. Todos reiteran que significa un impacto para la economía de su negocio, porque con el precio actual del género supone un gran desperdicio que a lo largo de la semana se traduce en pérdidas.

En los últimos años se han desarrollado plataformas digitales para los ciudadanos que buscan combatir este problema, como Encantado de Comerte, o Too Good To Go (TGTG), que permiten que comercios vendan sus productos a punto de caducar a un precio más reducido. La desventaja de este último servicio es que los alimentos se ofertan en paquetes sorpresa. En el caso de TGTG España, participan 16.000 establecimientos (entre ellos, las cadenas de supermercados Carrefour, Alcampo y Lupa) y 6 millones de usuarios en total.

Guillermo Reyes, un estudiante de derecho de 19 años, es usuario de Too Good To Go desde hace medio año y la usa para realizar la compra habitual 

Alcampo fue la primera cadena de supermercados en colaborar con Too Good To Go en España. Sin embargo, en Valladolid ha abierto hace poco, por lo que aún no ofrecen este servicio. Por otro lado, Lupa se incorporó en 2020 a la oferta de Too Good To Go con packs de productos frescos por 3,99€.

En el Lupa de la calle Santa Clara sí se utiliza la aplicación para evitar el desperdicio de alimentos. Azucena, la encargada de este supermercado, cuenta que antes se tiraban muchos productos, pero desde que se incorporaron a Too Good To Go mucha gente se acerca a por packs.

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Desde asociaciones y medios de comunicación transmiten que la situación solo mejorará si se hace un esfuerzo por parte de la población. Una de las propuestas más sonadas para disminuir el desperdicio de alimentos es el cambio de los hábitos de los ciudadanos, desde la adopción de dietas sostenibles, a comprar solo lo que es necesario y planificar las comidas.


También se recomienda tomar conciencia y meter al carro de la compra hortalizas con peor aspecto (arrugadas o con manchas), que suelen ser las que acaban en la basura, y asegurarse de conservar los alimentos de manera eficiente en un ambiente fresco para ralentizar el proceso de descomposición.

Citrus Fruits

© 2035 Creado por estudiantes de la Universidad de Valladolid

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